🧶 La mujer que tejía el tiempo
- Santiago Toledo Ordoñez

- 23 feb
- 2 Min. de lectura
En un barrio donde las tardes olían a pan tostado y a tierra mojada, vivía una abuela llamada Elvira.
No tejía por costumbre.No tejía por frío.Tejía por algo que casi nadie veía.
Cada tarde se sentaba junto a la ventana, con su ovillo de lana color vino y sus agujas que sonaban suave, tic… tac… tic… tac… como un reloj que hubiera decidido latir en vez de marcar horas.
Su nieto Tomás siempre le preguntaba:
—Abuela, ¿por qué tejes tanto? Ya tenemos suficientes bufandas.
Ella sonreía, pero no respondía de inmediato.Porque la respuesta no cabía en una frase corta.
Una tarde, mientras el sol se deshacía en naranja detrás de los techos, ella dejó las agujas sobre su falda y le dijo:
—Tejo porque así ordeno el mundo.
Tomás frunció el ceño.
—¿Cómo que lo ordenas?
—Mira —le dijo, tomando el hilo—. Cuando tu abuelo partió, la casa quedó en silencio. El silencio es como un hilo suelto. Si no haces algo con él, se enreda en el pecho.
Hizo un punto más.
—Entonces empecé a tejer. Cada punto era un recuerdo que dolía menos. Cada fila era un día que lograba cruzar.
Tomás la miraba sin parpadear.
—¿Y ahora por qué sigues?
Ella tomó otro ovillo, esta vez azul.
—Porque mientras tejo pienso en ustedes. En si tienes frío en el colegio. En si tu mamá está cansada. En si la vida les está apretando demasiado fuerte.
Elvira no tejía ropa.
Tejía abrigo invisible.
Tejía paciencia cuando la casa se llenaba de discusiones.Tejía esperanza cuando las noticias eran pesadas.Tejía futuro cuando sentía que el tiempo avanzaba demasiado rápido.
—¿Y si un día dejas de tejer? —preguntó Tomás, con un nudo en la garganta.
Ella lo miró con una ternura que parecía más antigua que el barrio entero.
—Entonces tú seguirás.
Y le puso las agujas en las manos.
Esa noche, Tomás no logró hacer más que un punto torcido.Pero entendió algo:
Las abuelitas no tejen lana.Tejen continuidad.Tejen memoria.Tejen amor para cuando ellas ya no estén.
Desde entonces, cuando alguien le pregunta por qué su abuela tejía tanto, él responde:
—Porque estaba arreglando el mundo, punto por punto.
Y quizás…quizás todas las abuelitas hacen lo mismo. pd: por favor no me llamen Tomás, me llamo Santiago, si a ti te gusta tu nombre, no me cambies el mio
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