La relación de Priscila y Jesús
- Santiago Toledo Ordoñez

- hace 7 horas
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Priscila vivió a Jesús como misión cotidiana: en el taller, en el hogar y en la enseñanza del Evangelio Priscila (también llamada Prisca) es una de las figuras más fascinantes del Nuevo Testamento precisamente porque su relación con Jesús no pasa por la mística ni el martirio, sino por algo más cotidiano y más radical a la vez: la misión vivida en pareja, en el mercado y en el hogar.
¿Quién era? Priscila y Áquila fueron un matrimonio del siglo I descrito en el Nuevo Testamento. Vivieron, trabajaron y viajaron con el apóstol Pablo, quien los describió como sus "colaboradores en Cristo Jesús". Juntos abrieron una tienda de cortinas, juntos se convirtieron al cristianismo.
Su relación con Jesús es fundamentalmente misionera. No hay visiones ni éxtasis en su historia. Lo que hay es una entrega total al anuncio del Evangelio. Sin abandonar nunca la actividad comercial, ayudaron a Pablo en la formación de nuevos convertidos; en particular, se ocuparon de la iniciación cristiana de Apolo, un judío alejandrino muy versado en las Escrituras.
La enseñanza de Apolos es el momento más revelador. Priscila y Áquila se dieron cuenta de que Apolos no comprendía bien la verdad cristiana — probablemente no tenía conocimiento de Pentecostés y el derramamiento del Espíritu Santo. Rellenaron los huecos que faltaban, edificaron a Apolos en su fe, y él llegó a ser una fuerza imparable para Jesucristo.
La iglesia en su casa. En el siglo I no había templos cristianos. Las iglesias del primer siglo se celebraban todas en casas privadas, a menudo en las casas de mujeres como Lidia, Cloe, Ninfas — y Priscila. Su hogar no era solo un lugar de hospitalidad; era el espacio litúrgico donde la comunidad se reunía para escuchar la Palabra y celebrar la Eucaristía.
Lo que la hace única: el orden de los nombres. Su nombre aparece antes que el de su esposo en cuatro de las seis referencias del Nuevo Testamento, lo que puede explicarse por su disposición de liderazgo en la iglesia, o también por su rango social como ciudadana romana. En un mundo donde las mujeres raramente se nombraban primero, ese detalle es elocuente.
La hipótesis de Hebreos. El teólogo Adolf Harnack propuso a finales del siglo XIX que Priscila pudo ser la autora anónima de la Epístola a los Hebreos — una de las cristologías más elaboradas del Nuevo Testamento, que presenta a Jesús como sumo sacerdote eterno. La hipótesis no es mayoritaria, pero tampoco ha sido refutada.
Priscila no escribió teología ni murió mártir. Su relación con Jesús fue la del discípulo activo que transforma a otros — enseñando, albergando, arriesgando, construyendo comunidad. Pablo la recordó de por vida.
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