La anticorrupción no es un evento, ni una campaña, ni algo que aparece “cuando conviene”.Si es real, es una forma de vida.
- Santiago Toledo Ordoñez

- 4 ene
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Cuando la anticorrupción se activa solo:
en ciertos momentos,
en ciertos gobiernos,
o solo cuando el problema ocurre “en otros países" entonces no es anticorrupción: es relato, es conveniencia, es gestión de imagen.
La corrupción no nace grande.Empieza pequeña, cotidiana, casi invisible:en el favor “sin importancia”,en el atajo normalizado, en mirar para el lado cuando nadie ve.
Por eso combatirla no puede ser intermitente.No se combate lo estructural con acciones esporádicas.
La verdadera anticorrupción vive en lo cotidiano:en cómo se toman decisiones cuando no hay cámaras, en qué se hace cuando cumplir la norma cuesta, en si la ética depende del contexto o del carácter.
Los países que avanzan no son los que hablan más fuerte de anticorrupción, sino los que la integran en su cultura:en la educación,en los incentivos,en los liderazgos,en la coherencia entre discurso y práctica.
Cuando la anticorrupción es solo reacción, llega tarde.
Cuando es selectiva, es hipócrita.
Cuando es externa, es evasión.
Solo cuando es interna, constante y no negociable, se vuelve una verdadera forma de vida.
Y ahí deja de ser un tema político para convertirse en un tema humano.
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