El narco-periodismo y los narco-comunicadores: cuando la violencia aprende a hablar
- Santiago Toledo Ordoñez

- 12 ene
- 1 Min. de lectura
No toda arma dispara balas.Algunas disparan relatos.
El narco-periodismo no nace cuando se informa sobre el narcotráfico,nace cuando la cobertura deja de tener conciencia éticay comienza a reproducir, amplificar y normalizar la lógica del poder violento.
Los narco-comunicadores no siempre llevan pasamontañas ni fusiles.Llevan micrófonos, cámaras, redes sociales y audiencias cautivas.Saben cómo instalar miedo, admiración o resignación.Saben qué emoción activar y en qué momento.
Cuando un comunicador convierte al narco en protagonista,cuando estetiza la violencia,cuando reduce la complejidad a espectáculoo transforma el horror en contenido consumible,no está informando: está operando.
El narcotráfico no solo controla territorios físicos.Controla territorios simbólicos:el lenguaje, la narrativa, la percepción de lo posible y lo inevitable.
Y ahí el periodismo tiene responsabilidad directa.
Cada titular que glorifica,cada cobertura que omite contexto,cada repetición acrítica de amenazas, videos o símbolos,no describe la realidad: la construye.
El problema no es hablar del narco.El problema es hablar desde su marco, con su estética, con su lógica, con su emoción.
Un periodismo que no busca acuerdos,que no desescala el conflicto,que no protege la dignidad humanay que solo activa miedo, rabia o morbo,termina siendo funcional a aquello que dice denunciar.
La violencia se sostiene cuando encuentra eco.Y hoy, demasiadas veces, ese eco viene disfrazado de información.
La pregunta no es si existen narco-periodistas o narco-comunicadores. La pregunta es si estamos dispuestos a seguir llamando periodismoa cualquier cosa que genere clicks, rating o viralidad.
Porque comunicar también es un acto político.Y en contextos de violencia,cada palabra toma partido, incluso cuando finge que no lo hace.
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