El mito de Zeus
- Santiago Toledo Ordoñez

- 4 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Zeus es hijo de Cronos y Rea, los últimos reyes de los titanes. Cronos, temiendo una profecía que decía que sería destronado por uno de sus propios hijos —tal como él mismo había destronado a su padre Urano—, devoraba a cada hijo que Rea daba a luz. Así, uno tras otro, Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón fueron tragados por él.
Desesperada, Rea decidió salvar al sexto. Cuando Zeus nació, lo escondió en la isla de Creta y entregó a Cronos una piedra envuelta en mantos, que el titán devoró sin sospechar el engaño. En Creta, Zeus fue criado en secreto por ninfas y protegido por los curetes, quienes danzaban y chocaban sus armas para ocultar el llanto del bebé.
Al crecer, Zeus buscó derrocar a su padre. Con ayuda de Metis, diosa de la astucia, hizo que Cronos bebiera un brebaje que lo obligó a vomitar a sus hermanos, quienes emergieron vivos gracias a su naturaleza divina. Liberados también los cíclopes y los hecatónquiros —gigantes de cien brazos—, Zeus formó con ellos una alianza para enfrentar a los titanes en la épica Titanomaquia.
La guerra duró diez años. Finalmente, los titanes fueron vencidos y encerrados en el Tártaro bajo la vigilancia de los hecatónquiros. Zeus y sus hermanos se repartieron el mundo: a Zeus le correspondió el cielo, a Poseidón el mar y a Hades el inframundo, mientras la Tierra quedó libre para todos.
Instalado en el monte Olimpo como rey de los dioses, Zeus gobernó con el rayo forjado por los cíclopes. Tuvo numerosos descendientes —dioses, héroes y mortales— y se convirtió en la figura central de la mitología griega, protector de la justicia, la hospitalidad y el orden cósmico
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