El Amor Maduro: La Libertad de Elegir al Otro
- Santiago Toledo Ordoñez

- 4 oct 2025
- 2 Min. de lectura
Erich Fromm, en su obra El arte de amar, nos regaló una de las frases más luminosas sobre la esencia del amor:
“El amor inmaduro dice: te amo porque te necesito.El amor maduro dice: te necesito porque te amo.”
Estas palabras, tan simples y tan profundas, nos invitan a reflexionar sobre cómo nos vinculamos, sobre qué raíz sostiene nuestros afectos y qué tan libres somos al amar.
El amor inmaduro: la urgencia de llenar un vacío
Cuando amamos desde la inmadurez, el otro se convierte en respuesta a nuestra carencia. Es como un vaso vacío que pide ser llenado: “te necesito para no estar solo, para sentirme completo, para calmar mi miedo.”Este amor aprieta, exige, reclama. Se convierte en dependencia disfrazada de ternura, en un anhelo que no da sino que absorbe.
El amor maduro: la abundancia que se comparte
En cambio, el amor maduro nace de la plenitud. Es un acto consciente, libre y generoso.No se trata de buscar en el otro un salvavidas, sino de ofrecerle la barca para remar juntos.Aquí el amor no es cadena, es elección; no es refugio del miedo, sino expansión de la vida.
Amar en madurez es decir:“No estoy incompleto sin ti, pero contigo soy más.No me aferro a ti por temor a perderme,sino que te elijo a cada instante porque amo lo que eres y lo que somos al unirnos.”
Chile y el desafío de los vínculos conscientes
En nuestro país, la necesidad de replantear cómo nos relacionamos es evidente. Según la Encuesta de Bienestar Social del Ministerio de Desarrollo Social y Familia (2023), casi 1 de cada 10 personas adultas declara sentirse sola siempre o casi siempre, y cerca de un cuarto de la población dice sentirse sola a veces.
El escenario es aún más desafiante en la vejez: el Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo reveló que casi la mitad de los adultos mayores vive soledad no deseada, mientras que más de la mitad presenta riesgo de aislamiento social. Lo más duro: cerca de un tercio de ellos enfrenta ambos problemas al mismo tiempo.
Estos números hablan de un Chile que avanza en conectividad tecnológica, pero que todavía carga una deuda emocional: la soledad, muchas veces, se disfraza de compañía.
La revolución del amor consciente
Fromm nos recuerda que amar de verdad es un arte, y como todo arte requiere disciplina, paciencia, entrega y conocimiento. El amor maduro no se improvisa: se cultiva.Es la decisión de mirar al otro sin pretender poseerlo, de cuidarlo sin anularlo, de necesitarlo no desde la escasez, sino desde la grandeza de un corazón que se desborda.
En un Chile donde la soledad se ha convertido en un fenómeno silencioso, practicar el amor maduro es casi un acto revolucionario: elegir al otro desde la plenitud, no desde la falta.
PD: no quiero tu basura emocional ni relacional ni vincular
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