Carta al Señor de la Luna
- Santiago Toledo Ordoñez

- 30 ene
- 1 Min. de lectura
Señor de la Luna, antiguo guardián de las mareas internas, testigo silencioso de lo que callamos cuando el mundo duerme.
Te escribo no para pedirte favores, sino para reconocerte.Porque has visto a la humanidad crecer, caer, repetir, y aun así sigues volviendo cada nochesin reproche, sin juicio, sin cansancio.
Tú conoces el pulso oculto de los cuerpos,la emoción que sube cuando nadie mira,el llanto que no se dice,el deseo que no se confiesa,la herida que se disfraza de fortaleza.
Señor de la Luna,tú sabes que no todo lo que brilla es luz,y que no toda oscuridad es maldad.Has acompañado a los amantes,a los solitarios,a los que rezan sin palabrasy a los que dudan incluso de su fe.
Te pido —si es que se puede pedir a quien ya lo sabe—que sigas enseñándonos el ritmo,que nos recuerdes que no siempre se crece,que a veces menguar también es sabio,que retirarse, descansar y mirar hacia adentrono es fracaso, es preparación.
Guárdanos del ruido que nos endurece,del orgullo que nos separa,de la prisa que nos vuelve ciegos.Recuérdanos que sentir no es debilidady que la noche también es parte del camino.
Señor de la Luna,cuando el mundo pierda el sentidoy las certezas se rompan,quédate ahí,como siempre:iluminando lo suficientepara dar un paso más,sin prometerlo todo,pero sin abandonarnos jamás.
Con respeto,con silencio,y con conciencia.
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