Viajar en el tiempo: ¿podemos ir al pasado o al futuro?
- Santiago Toledo Ordoñez

- 8 ago
- 3 min de lectura
Viajar en el tiempo parece pertenecer exclusivamente a la ciencia ficción. Máquinas que aparecen en otra época, personas que conocen su propio futuro o personajes que regresan al pasado para cambiar una decisión.
Pero la física plantea una posibilidad mucho más interesante: viajar hacia el futuro no es completamente imposible.
De hecho, ocurre.
La diferencia es que no podemos hacerlo como en las películas.
El futuro ya existe como una posibilidad física
Según la teoría de la relatividad de Einstein, el tiempo no transcurre exactamente igual para todos.
La velocidad y la gravedad pueden modificar la manera en que transcurre el tiempo para diferentes observadores.
Si una persona pudiera viajar a velocidades extremadamente cercanas a la velocidad de la luz y después regresar a la Tierra, podría haber experimentado menos tiempo que quienes permanecieron aquí.
Para ella podrían haber pasado, por ejemplo, algunos años.
Mientras tanto, en la Tierra podrían haber pasado muchas más décadas.
No habría necesitado una máquina que la enviara mágicamente al futuro.
Simplemente habría experimentado el tiempo de una manera diferente.
Esto se conoce como dilatación temporal y ha sido comprobado mediante experimentos.
En cierto sentido, entonces, el futuro es el único tipo de viaje temporal que la física conocida permite considerar seriamente.
¿Y viajar al pasado?
Aquí comienza el verdadero problema.
Las ecuaciones de la relatividad permiten algunas soluciones matemáticas extremadamente extrañas en las que podrían existir trayectorias que regresaran a un momento anterior.
También se han planteado conceptos como los agujeros de gusano.
Pero existe una diferencia fundamental entre:
“las matemáticas permiten imaginar una solución”
y
“podemos construirla y utilizarla”.
Hasta ahora no tenemos evidencia de que un ser humano pueda viajar al pasado.
Y aparecen problemas todavía mayores.
El problema de cambiar la historia
Supongamos que alguien pudiera regresar al pasado y modificar un acontecimiento que fue necesario para que esa misma persona existiera.
Entonces aparece una contradicción:
Si cambió el acontecimiento, ¿cómo pudo haber existido para regresar y cambiarlo?
Este tipo de problema se conoce popularmente como la paradoja del abuelo.
La ciencia ha propuesto diferentes maneras de pensar estas contradicciones.
Una posibilidad teórica sería que el pasado no pudiera modificarse: cualquier acción realizada en el pasado ya formaría parte de la historia.
Otra posibilidad, mucho más especulativa, sería que diferentes acontecimientos pudieran corresponder a distintas ramas de la realidad.
Pero ninguna de estas ideas ha demostrado que viajar al pasado sea realmente posible.
Quizás el tiempo no sea lo que imaginamos
La pregunta más profunda no es solamente:
“¿Podemos viajar en el tiempo?”
Es:
“¿Qué es realmente el tiempo?”
Lo experimentamos como una línea:
pasado → presente → futuro.
Pero la física moderna muestra que el tiempo está profundamente relacionado con el espacio, la velocidad, la gravedad y el estado del observador.
El universo no funciona necesariamente como nuestro reloj de pared.
Nuestro cerebro necesita ordenar los acontecimientos para comprenderlos.
Por eso distinguimos entre lo que ocurrió, lo que está ocurriendo y lo que todavía no ocurre.
El viaje temporal que sí hacemos
Hay algo curioso.
Todos viajamos hacia el futuro.
Segundo tras segundo.
No podemos detener ese movimiento ni regresar al día anterior.
Cada persona está permanentemente avanzando hacia un momento que todavía no ha vivido.
Y aunque no podamos volver físicamente al pasado, podemos hacer algo que ninguna máquina del tiempo necesitaría:
recordarlo.
Podemos estudiar una época, reconstruir una civilización, leer las palabras de alguien que murió hace siglos y comprender decisiones tomadas mucho antes de nuestro nacimiento.
La historia es, de alguna manera, nuestra forma de conversar con el pasado.
¿Y si algún día pudiéramos hacerlo?
Si alguna civilización consiguiera desarrollar una tecnología capaz de manipular el tiempo de manera mucho más profunda que la que conocemos actualmente, las consecuencias serían enormes.
Cambiarían conceptos fundamentales como:
historia
responsabilidad
identidad
causalidad
memoria
decisiones
futuro
Pero también aparecería una pregunta mucho más humana:
Si pudieras regresar a un momento de tu vida, ¿realmente querrías cambiarlo?
Porque cambiar el pasado no significaría solamente eliminar aquello que nos hizo sufrir.
También podríamos estar eliminando las experiencias que nos transformaron.
Quizás por eso el viaje en el tiempo resulta tan fascinante.
No solamente porque queremos conocer el futuro o corregir el pasado.
Sino porque representa una de las preguntas más antiguas de la humanidad:
¿Qué haríamos si pudiéramos volver atrás y tener una segunda oportunidad?
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