Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña
- Santiago Toledo Ordoñez

- 31 ago 2025
- 2 Min. de lectura
En la vida, todos enfrentamos momentos en que las cosas no salen como las habíamos planeado. Esperamos que una oportunidad llegue, que una persona dé el primer paso, o que las circunstancias se acomoden a nuestro favor. Pero muchas veces la realidad es otra: la montaña no se mueve.
El proverbio popular “Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña” nos recuerda una verdad fundamental: no podemos quedarnos esperando indefinidamente a que las cosas cambien; somos nosotros quienes debemos actuar.
La fuerza de la iniciativa
Quedarse inmóvil ante un obstáculo es lo más sencillo, pero también lo más costoso. La falta de acción suele alimentar la frustración y el estancamiento. En cambio, dar el primer paso —aunque sea pequeño— abre nuevas posibilidades y caminos que antes no veíamos.
Moverse hacia la “montaña” significa salir de la zona de confort, asumir riesgos calculados y atreverse a cambiar el rumbo cuando las condiciones no se presentan de manera ideal.
Aplicaciones en lo profesional y lo personal
En el trabajo, esperar a que un jefe, un cliente o un reclutador dé la primera señal puede ser perder tiempo valioso. Proponer, innovar o contactar primero hace la diferencia.
En la vida personal, esperar siempre a que otros nos busquen, nos escuchen o nos comprendan es quedarse en un rol pasivo. Dar el paso hacia el diálogo, el encuentro o la reconciliación nos devuelve el control.
Un recordatorio de liderazgo
El liderazgo no es solo dirigir a otros; también es liderar nuestra propia vida. Y eso implica reconocer cuándo la montaña no se moverá y decidir caminar hacia ella.
En última instancia, este proverbio nos invita a convertir la acción en respuesta ante la inercia. Porque la mayoría de las veces, esperar no cambia nada, pero actuar lo cambia todo.
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