Por qué en Latinoamérica pesa más una chancla que un código penal
- Santiago Toledo Ordoñez

- 21 jun
- 2 min de lectura
Hay una idea que circula como chiste de sobremesa en buena parte de la región: la amenaza de una madre con la chancla en la mano genera más respeto inmediato que una citación judicial. Como toda generalización, tiene excepciones — hay países, ciudades y momentos donde esto no aplica tanto. Pero como tendencia general, algo de cierto tiene, y vale la pena pensar por qué.
La legitimidad que falta arriba
Distintas mediciones de opinión pública en la región —como las que hace Latinobarómetro desde hace años— muestran algo consistente: el Poder Judicial suele estar entre las instituciones peor evaluadas por la ciudadanía, generalmente por debajo del 30% de confianza. No es un dato aislado de un país, sino un patrón que se repite con matices en gran parte de Latinoamérica.
La chancla, en cambio, no tiene ese problema de legitimidad. Su autoridad no depende de un sistema, un presupuesto o un tribunal — depende de la relación directa entre quien la empuña y quien la teme. Es una forma de justicia sin intermediarios, sin años de espera, sin apelaciones.
Por qué confiamos más en lo informal
Una explicación frecuente entre quienes estudian confianza institucional es que, cuando la gente percibe que el poder político influye o presiona al sistema judicial, ese sistema deja de sentirse neutral. Y si el sistema no se siente neutral, la gente busca otras formas de justicia que sí le resulten creíbles — aunque sean informales, arbitrarias o caseras.
Vale la pena aclarar: buena parte de esa desconfianza tiene más que ver con percepción que con evidencia dura de corrupción judicial generalizada. Pero en temas de confianza, lo que la gente cree que pasa suele pesar tanto como lo que efectivamente pasa.
La paradoja del castigo inmediato
La chancla no necesita expediente: actúa en el momento, sin demora. El sistema judicial, en cambio, puede tardar años en resolver algo simple. En sociedades donde la inmediatez se valora más que el debido proceso, no es extraño que un castigo instantáneo —por arbitrario que sea— inspire más respeto inmediato que uno tardío, aunque sea más justo.
Lo que esto probablemente revela
No es que a los latinoamericanos no nos importe la justicia. Es que, en general, varias generaciones han aprendido a no esperarla de las instituciones formales. La chancla no es el problema de fondo — es apenas el síntoma de un sistema judicial que, en promedio y con sus excepciones, no ha logrado ganarse la confianza que por diseño debería tener.
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