Los pasos fronterizos entre Chile y Argentina: las rutas que unen dos países y miles de historias
- Santiago Toledo Ordoñez

- 31 jul
- 3 min de lectura
Cuando pensamos en la frontera entre Chile y Argentina, solemos imaginar una inmensa muralla natural: la Cordillera de los Andes. Sin embargo, esa barrera también ha sido, durante siglos, un puente. A través de sus pasos fronterizos han transitado comerciantes, exploradores, pueblos originarios, libertadores, familias, turistas y millones de personas que han encontrado en estas rutas una forma de conectar dos países con una historia profundamente ligada.
Hoy existen más de cuarenta pasos fronterizos habilitados a lo largo de los más de 5.000 kilómetros de frontera compartida. Algunos funcionan todo el año; otros dependen de las condiciones climáticas de la alta montaña. Cada uno posee una identidad propia y cumple un rol estratégico para el turismo, el comercio y la integración entre ambas naciones.
Mucho antes de las carreteras
Antes de la llegada de los españoles, los pueblos originarios ya utilizaban senderos cordilleranos para intercambiar productos, alimentos y conocimientos. Estos caminos permitían el contacto entre comunidades del actual territorio chileno y argentino, demostrando que la cordillera nunca fue un muro infranqueable, sino un espacio de encuentro.
Con el paso de los siglos, estas rutas adquirieron un valor histórico aún mayor. Durante la independencia de Chile, el Cruce de los Andes liderado por José de San Martín y Bernardo O'Higgins transformó varios de estos senderos en escenarios fundamentales para la historia de Sudamérica.
Paso Los Libertadores: la puerta principal
Sin duda, el Paso Los Libertadores es el más conocido del país. Une Santiago con Mendoza y concentra una gran parte del transporte terrestre internacional entre Chile y Argentina.
Su característica carretera de curvas en zigzag se ha convertido en una imagen icónica de la cordillera. Durante el verano recibe miles de turistas que cruzan para disfrutar del vino mendocino, la gastronomía y los paisajes argentinos, mientras que durante todo el año es una ruta clave para el comercio entre ambos países.
Paso Cardenal Samoré: naturaleza en estado puro
Ubicado en el sur de Chile, conecta la Región de Los Lagos con la provincia argentina de Neuquén.
A diferencia de los pasos de alta montaña del centro del país, aquí predominan los bosques nativos, volcanes, lagos y parques nacionales. Es uno de los cruces favoritos de quienes recorren la Patagonia o realizan la Ruta de los Siete Lagos en Argentina.
Paso Pino Hachado: el aliado del transporte
Situado en la Región de La Araucanía, este paso es ampliamente utilizado por el transporte internacional debido a que suele mantenerse operativo incluso cuando otros cruces presentan intensas nevadas.
Su importancia logística ha crecido considerablemente durante los últimos años, convirtiéndose en una alternativa estratégica para el intercambio comercial entre ambos países.
Paso Jama: cruzando el desierto de altura
En el norte de Chile, el Paso Jama conecta la Región de Antofagasta con la provincia argentina de Jujuy.
El recorrido atraviesa algunos de los paisajes más impresionantes de Sudamérica: salares, volcanes, lagunas altiplánicas y extensas planicies que superan los 4.000 metros de altura. Es una ruta ampliamente utilizada tanto por turistas como por el transporte de carga hacia el norte argentino y Brasil.
Otros pasos que vale la pena conocer
Además de los más transitados, Chile cuenta con numerosos pasos fronterizos que cumplen funciones regionales y turísticas:
Paso Pehuenche (Región del Maule).
Paso Pichachén (Región del Biobío).
Paso Hua Hum (Región de Los Ríos).
Paso Futaleufú (Región de Los Lagos).
Paso Dorotea (Región de Magallanes).
Paso Integración Austral (Región de Magallanes).
Cada uno permite descubrir una geografía distinta y acceder a rincones menos conocidos de la cordillera.
Más que una frontera
Los pasos fronterizos representan mucho más que un control migratorio. Son corredores de integración económica, cultural y turística. Gracias a ellos circulan alimentos, vehículos, materias primas, turistas, estudiantes y familias que mantienen vínculos a ambos lados de la cordillera.
También son un recordatorio de que las grandes montañas, lejos de separar definitivamente a las personas, pueden convertirse en caminos que acercan culturas y fortalecen la cooperación entre países.
Una invitación a cruzar los Andes
Recorrer alguno de los pasos entre Chile y Argentina es mucho más que cambiar de país. Es atravesar una de las cordilleras más imponentes del planeta, descubrir paisajes únicos y comprender que estas rutas han sido protagonistas de siglos de historia.
Desde el árido desierto de Atacama hasta los bosques de la Patagonia, cada paso ofrece una experiencia distinta. Todos tienen algo en común: recuerdan que las fronteras no solo dividen territorios, también conectan personas, historias y sueños.
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