Los camellos y los canguros de Australia: dos gigantes que conquistaron un continente
- Santiago Toledo Ordoñez

- 21 jul
- 3 min de lectura
Cuando pensamos en Australia, es casi inevitable imaginar un canguro saltando entre la vegetación o un koala descansando sobre un eucalipto. Sin embargo, pocas personas saben que este inmenso país también alberga la mayor población de camellos salvajes del planeta.
Sí, Australia es el único lugar del mundo donde camellos y canguros comparten el mismo territorio.
Aunque pertenecen a continentes completamente distintos, ambos se han convertido en protagonistas de una de las historias más sorprendentes de la naturaleza.
El canguro: el verdadero símbolo de Australia
El canguro ha vivido en Australia durante millones de años.
Mucho antes de que existieran ciudades, carreteras o exploradores europeos, estos marsupiales ya recorrían las llanuras del continente.
Actualmente existen más de 60 especies de canguros y ualabíes, adaptadas a distintos ecosistemas.
Su forma de desplazarse es única.
Gracias a sus poderosas patas traseras pueden alcanzar velocidades cercanas a los 70 km/h y recorrer hasta nueve metros en un solo salto.
Su cola actúa como un tercer punto de apoyo, permitiéndoles mantener el equilibrio e incluso impulsarse cuando caminan lentamente.
Un país con más canguros que personas
Australia tiene una población cercana a los 27 millones de habitantes.
En algunos años, la cantidad de canguros ha superado los 50 millones.
Las cifras varían según las lluvias, la disponibilidad de alimento y los programas de manejo de fauna, pero es común que existan más canguros que personas.
En muchas zonas rurales forman parte del paisaje cotidiano.
No es extraño verlos cruzando caminos al amanecer o al atardecer.
¿Qué hacen camellos en Australia?
Aquí comienza una historia inesperada.
Los camellos no son originarios de Australia.
Fueron llevados durante el siglo XIX desde regiones como India, Afganistán y Arabia para ayudar a explorar el interior del continente.
En aquella época, gran parte del territorio australiano era prácticamente desconocido para los colonos europeos.
Las temperaturas extremas, la escasez de agua y las enormes distancias hacían imposible utilizar caballos en muchas expediciones.
Los camellos demostraron ser la solución perfecta.
Podían recorrer cientos de kilómetros soportando el calor y transportando grandes cargas.
Cuando los camellos quedaron en libertad
Con la llegada del ferrocarril y de los vehículos motorizados, los camellos dejaron de ser indispensables.
Muchos fueron liberados en el desierto.
Lo que parecía una decisión menor terminó convirtiéndose en un fenómeno extraordinario.
Sin depredadores naturales y con enormes extensiones de territorio disponible,
comenzaron a reproducirse.
Hoy Australia alberga la mayor población de camellos salvajes del mundo.
Se estima que viven cientos de miles, aunque la cifra cambia constantemente debido a las condiciones ambientales y a los programas de control poblacional.
Dos animales perfectamente adaptados
Aunque provienen de lugares completamente diferentes, tanto el camello como el canguro poseen adaptaciones sorprendentes para sobrevivir en ambientes exigentes.
El camello puede pasar largos períodos con poca agua y soportar temperaturas extremas.
El canguro, por su parte, necesita muy poca energía para desplazarse grandes distancias gracias a la elasticidad de sus tendones.
Ambos representan distintas estrategias para sobrevivir en un territorio donde el clima suele poner a prueba cualquier forma de vida.
Un equilibrio delicado
La presencia masiva de camellos salvajes también plantea desafíos.
En épocas de sequía pueden competir con otras especies por el acceso al agua y dañar ecosistemas frágiles.
Por esa razón, Australia desarrolla programas de manejo para reducir su impacto ambiental.
Los canguros también requieren una gestión cuidadosa.
En algunas regiones sus poblaciones crecen rápidamente cuando las condiciones climáticas son favorables, lo que puede generar conflictos con la agricultura y la conservación de ciertos hábitats.
Un continente lleno de sorpresas
Australia es uno de los lugares más singulares del planeta.
Es el hogar de animales que no existen en ningún otro continente y, al mismo tiempo, alberga la mayor población de camellos salvajes del mundo.
Un marsupial que solo puede encontrarse en Oceanía y un mamífero originario de los desiertos de Asia y África conviven hoy bajo el mismo cielo.
Es una combinación que parece imposible.
Sin embargo, resume perfectamente la historia de Australia: un continente donde la evolución, la exploración humana y la adaptación de las especies dieron origen a un paisaje único.
Quizás por eso, cuando alguien piensa en Australia, imagina inmediatamente un canguro.
Pero detrás de ese símbolo nacional también caminan silenciosamente miles de camellos que recuerdan cómo la historia puede cambiar el destino de una especie... e incluso el de todo un continente.
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