Leo y Acuario: El futuro también necesita un corazón
- Santiago Toledo Ordoñez

- 13 jul
- 2 min de lectura
El camino continuaba bordeando el lago.
El sol ya iluminaba las montañas, pero Acuario seguía observando el reflejo del cielo sobre el agua.
Leo: Siempre estás pensando.
Acuario: Siempre estoy imaginando.
Leo: ¿No es lo mismo?
Acuario: No exactamente.
Pensar resuelve problemas.
Imaginar crea posibilidades.
Leo sonrió.
Leo: Ahora entiendo por qué tus ideas siempre parecen venir del futuro.
Acuario: ¿Y sabes qué me pregunto de ti?
Leo: ¿Qué cosa?
Acuario: ¿Cómo haces para confiar tanto en las personas?
Leo permaneció unos segundos en silencio.
Leo: Porque alguien creyó en mí cuando todavía no sabía de lo que era capaz.
Desde entonces intento hacer lo mismo con los demás.
Acuario bajó la mirada.
Acuario: Eso explica muchas cosas.
Continuaron caminando.
El sendero los llevó hasta un viejo puente de madera.
Ambos se detuvieron unos instantes.
Acuario: Mira este puente.
Leo: ¿Qué tiene de especial?
Acuario: Une dos lugares completamente distintos.
Y aun así pertenece a ambos.
Leo sonrió.
Leo: ¿Estás hablando del puente...
...o de nosotros?
Acuario comenzó a reír.
Acuario: Tal vez de las dos cosas.
Leo: La gente cree que somos muy diferentes.
Acuario: Lo somos.
Leo: Tú siempre estás pensando en el mañana.
Acuario: Y tú haces que las personas disfruten el presente.
Leo: Tú haces preguntas que nadie se atreve a hacer.
Acuario: Y tú das respuestas que llenan de esperanza.
Leo observó el horizonte.
Leo: ¿Sabes qué admiro más de ti?
Acuario: Dime.
Leo: Nunca intentas parecerte a nadie.
Eso requiere mucho valor.
Acuario sonrió.
Acuario: ¿Y sabes qué admiro de ti?
Leo: A ver.
Acuario: Nunca haces que alguien se sienta pequeño para demostrar tu grandeza.
Al contrario.
Cuando alguien está contigo...
Siente que también puede brillar.
Leo respiró profundamente.
Leo: Gracias.
No sabía que eso se notaba.
Acuario: Las personas siempre recuerdan cómo las hiciste sentir.
Siguieron avanzando.
El viento comenzó a mover las ramas de los árboles.
Leo: ¿Sabes cuál es nuestra mayor diferencia?
Acuario: Creo que sí.
Leo: Tú quieres cambiar el mundo.
Acuario: ¿Y tú?
Leo: Yo quiero que las personas descubran que pueden cambiarlo.
Acuario se quedó en silencio.
Después sonrió.
Acuario: Entonces ninguno de los dos podría hacerlo solo.
Leo levantó una ceja.
Leo: ¿Cómo así?
Acuario: Las ideas necesitan personas que crean en ellas.
Y las personas necesitan ideas que les den una nueva dirección.
Leo extendió la mano.
Leo: Creo que acabamos de descubrir por qué esta amistad funciona.
Acuario estrechó su mano.
Acuario: Porque tú enciendes los corazones.
Y yo intento abrir las mentes.
Los dos continuaron caminando mientras el sol ascendía sobre las montañas.
Ya no hablaban del futuro.
Lo estaban construyendo con cada conversación.
Porque comprendieron que el progreso no nace únicamente de las grandes ideas.
También nace de quienes inspiran a otros a creer que un mundo mejor es posible.
Y cuando la calidez de Leo se une con la visión de Acuario, la amistad deja de ser solo un encuentro entre dos personas.
Se convierte en un puente entre lo que somos hoy... y todo lo que todavía podemos llegar a ser.
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