Hace 1 año pedí un ángel
- Santiago Toledo Ordoñez

- 2 ene
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No lo pedí desde la fe infantil ni desde la desesperación.Lo pedí desde el cansancio lúcido. Ese momento en que uno ya no pide milagros, solo presencia.
Hace un año no necesitaba respuestas. Necesitaba sostén.
Pedí un ángel no como figura celestial, sino como forma:alguien —o algo— que no juzgara, que no apurara, que no corrigiera. Solo que estuviera.
Lo curioso es que no llegó envuelto en luz ni con mensajes claros.
Llegó como proceso.
Como silencio.
Como una serie de pequeñas decisiones que, vistas en retrospectiva, no fueron azar.
A veces fue una conversación que apareció justo cuando iba a cerrar.Otras veces, una pérdida que dolió más de lo esperado, pero ordenó lo que estaba torcido. El ángel no vino a evitar el dolor. Vino a acompañarlo.
Con el tiempo entendí algo incómodo:el ángel no venía a rescatarme, venía a enseñarme a quedarme.A no huir de lo que dolía.A no anestesiar lo que pedía ser sentido.
Hace un año pedí un ángel creyendo que vendría desde afuera.Hoy sé que llegó como claridad.
Como una voz más serena dentro de mí.
Como la capacidad de decir “no” sin culpa y “sí” sin miedo.
Un ángel que me tocara el alma, sin dejar heridas ni cicatrices


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