A las Aguas Sagradas Improfanables
- Santiago Toledo Ordoñez

- 17 jul 2025
- 3 Min. de lectura
A las Aguas Sagradas Improfanables
No todas las aguas son agua.
No todas las corrientes fluyen hacia el mar.
Algunas, las menos,
son la herida abierta del mundo
por donde respira el Misterio.
Algunas,
las que no se embotellan ni se cloran,
las que no conocen laboratorio ni patente,
descienden verticales desde lo invisible
como pensamientos divinos
materializados en transparencia.
Y esas aguas —las sagradas, las improfanables—
no pueden ser reducidas a molécula,
ni gobernadas por gravedad,
ni interpretadas por el ojo instrumental del hombre moderno.
Porque son memoria.
Porque son ley viva.
Porque son testigo y origen a la vez.
¿Quién eres tú, agua que no puede poseerse?
Eres la arquitectura líquida de lo innombrable.
El manuscrito intacto
de una voz que antecede al lenguaje.
Eres el lenguaje del mundo antes del mundo.
La gramática del alma en estado líquido.
Tu curso es otra lógica.
No sigues caminos: los inauguras.
No buscas cauce: tú lo creas.
Y donde tocas, fecundas o destruyes,
dependiendo de si el que se acerca
viene con arrogancia o con reverencia.
Tú no distingues culturas ni razas,
pero sí reconoces el gesto
del que ha aprendido a inclinar la cabeza
sin sentirse menos.
Aguas profundas
que no conocen superficie.
Que no reflejan el rostro
sino el alma.
¿Quién osa llamarte “recurso”?
¿Quién te administra como si fueras propiedad del Estado o empresa?
¿Quién se atreve a firmar contratos sobre ti,
como si el hombre pudiera firmar sobre el cielo
o embotellar la conciencia?
Ignoran —los que legislan tu nombre—
que tú te defiendes sola.
Que basta una vibración no alineada,
y te retiras.
No lo haces con violencia,
sino con la firmeza silencios
a de quien sabe que no necesita pelear para vencer.
Tu santidad no está en el rito,
sino en el orden.
El orden que ni la ciencia ni la teología
han logrado decodificar.
Eres la exactitud que no cabe en las matemáticas.
La simetría que no necesita eje.
La diosa que no necesita altar,
porque cada raíz es su templo,
y cada gota, una iniciación.
Por eso,el que te toca con la intención equivocada
no obtiene poder,
sino desorden.
No obtiene salud,
sino extravío.
Aguas primeras,
¿de qué fuente ancestral emergen?
¿Quién sopló sobre ustedes el espíritu?
¿En qué constelación se fraguó su código?
Hay quienes creen que tú eres solo H₂O.
Reducen lo sagrado al símbolo,
y el símbolo a la fórmula.
Pero no saben que la fórmula no contiene el pulso.
Que el agua tiene cuerpo, sí,
pero también carácter,
lenguaje,
juramento.
Porque tú juraste,antes que el tiempo,
no servir jamás al orgullo,ni al dominio,
ni a los imperios.
Te encuentran los que no te buscan,
pero viven en coherencia.
Te pierden los que te necesitan,
pero llegan desde el ego.
No basta con orar,ni con cantar,
ni con derramar flores sobre ti.
Hay que merecerte.
Y para merecertehay que haber atravesado
las aguas interiores de uno mismo:
las aguas del juicio,
del deseo,
de la mentira,
del yo.
Sólo entonces,
cuando todo se cae
y el alma queda desnuda
como un recién nacido en el desierto,
tú apareces.
Y no lo haces como un milagro,
sino como un recuerdo.
Porque tú no eres sorpresa.
Eres regreso.
Eres tan sagrada,
que ni siquiera el silencio es digno de ti
si no ha sido forjado
en el crisol del dolor que purifica.
Eres improfanable,
porque incluso cuando el humano intenta profanarte,
sólo profana su propia alma.
Tú permaneces intacta.
Inviolable.
Como los nombres verdaderos.
Como los secretos que no tienen sonido
porque sólo se comprenden al vivirse.
No hay templo más puro que tus entrañas.
No hay evangelio más transparente que tu curso.
No hay justicia más perfecta que tu equilibrio.
Y no hay ley humana capaz de regular tu danza.
Tú decides a quién revelarte.
Y cuando lo haces,
es imposible olvidarte.
Porque tu sabor no está en la lengua,
sino en la conciencia.
Y una vez que el alma ha bebido de ti,
ninguna otra agua sacia.
Por eso,cuando hablemos de agua,
que no se nos olvide:
no toda agua es agua.
Y tú —Aguas Sagradas Improfanables—
no eres parte del mundo.
Eres el umbral entre mundos.
Y el que cruce sin estar preparado,
será devuelto a la superficie,
sin violencia,
pero sin saber nunca por qué.
Porque tú no castigas.
Tú enseñas.
Y en tu enseñanza
vive el recuerdo olvidado
de quienes fuimosantes de olvidar
que el alma también es líquida,
y también es fuego,
y también es templo,
y también es Agua.
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